RECORDATORIOS

Haciendo memoria


Cómo surgieron y se fueron modificando a lo largo de los años

Origen

Las abuelas primero

“En realidad, la iniciativa se la tenemos que adjudicar a Estela”, dice el gerente de Extensión Cultural de Página/12  Carlos González, más conocido como Gandhi, cuando es consultado por los orígenes de los recordatorios. En agosto de 1988, en el décimo aniversario del asesinato de su hija Laura, Estela de Carlotto se acercó a la redacción del periódico, recientemente creado,  para publicar un texto. Así, el 25 de agosto se publicó en la página 8 del diario el primer recordatorio. Dos días después, otra abuela de Plaza de Mayo, Mirta Baravalle, publicó el segundo recordatorio dedicado a su hija Ana María con un formato similar: en ambos se observa una fotografía acompañando un texto dirigido a quien se quiere recordar en el que se hace referencia al reclamo de justicia.



A partir de entonces, otros familiares de desaparecidos fueron haciendo propia la iniciativa. Ese año se publicaron otros 18 recordatorios, al año siguiente fueron 49 y 68 en el comienzo del decenio. En 1991 la cantidad se duplicó, con un total de 140. Así, poco a poco, la práctica de la publicación de los recordatorios se fue masificando hasta convertirse en una marca registrada del diario. En esos primeros años, algunos hechos impulsaron el crecimiento en el número de las publicaciones. En octubre de 1989 y en el verano de 1991 surgieron muchos recordatorios pronunciándose en contra de los indultos. El texto de dos de ellos, dedicados a Gustavo Lafleur y a Domingo Cristaldi y publicados con dos días de diferencia, reza: “En tu nombre, por los 30.000 desaparecidos, por la dignidad del pueblo argentino, rechazamos el indulto”. Marta Ungaro, que todos los años publica por su hermano Horacio y los demás desaparecidos de la Noche de los Lápices, recuerda que en su caso la iniciativa surgió a raíz del primer decreto de los indultos como una instancia más en la lucha por justicia: “desesperada entre todas las marchas y todas las actividades que venía haciendo, quería ver cómo se podía publicar”. En una de esas actividades, fueron algunas madres de desaparecidos que ya habían publicado anteriormente las que le informaron lo que tenía que hacer para publicar. Así lo hizo, y desde entonces publica casi ininterrumpidamente.

La investigadora Celina Van Dembroucke que realizó sus tesis de licenciatura y de maestría sobre los recordatorios marca el año 1995 como un momento de fuerte impulso de las publicaciones. Según la autora, las repercusiones que ocasionaron las declaraciones del ex capitán Adolfo Scilingo en la entrevista realizada por Horacio Verbitsky y publicada en Página/12  en marzo de 1995, tuvieron su correlato en los recordatorios que se incrementaron significativamente. Al año siguiente, el vigésimo aniversario del golpe de Estado significó un nuevo y notable aumento: ese año se publicaron 335 recordatorios. Con el tiempo, el número de publicados se va a asentar en un promedio de 3 o 4 recordatorios por día, variando. “Hay días que no sale ninguno y hay otros días, por ejemplo ayer y hoy salieron cinco”, indica Ana Paoletti, que se unió al diario en 1991 y forma parte del área de producción gráfica.

Gandhi insiste en que no hubo de parte de los editores una decisión consciente de publicarlos periódicamente. “Fue natural, venían los familiares y se publicaban”. Lo cierto es que, más allá de lo espontáneo de su origen, la publicación de los recordatorios se transformó en una política del diario y las caras de los desaparecidos fueron llenando sus páginas, acompañando las noticias de la actualidad.




De esta manera, a medida que las solicitudes de recordatorios iban en aumento, se fueron adoptando algunos criterios para su publicación al interior de la redacción. Paoletti explica que “se publica para la fecha de desaparición, ese es uno de los requerimientos” y, también, “es un recordatorio por desaparecido, se le da prioridad a la familia y si la familia no ocupa ese espacio puede ser un amigo, un compañero de la persona desaparecida que lo publique”.  Gandhi, por su parte, refiere a la definición del formato: “con el tiempo cuando vimos que esto iba a ser una cosa de todos los días se determinó un espacio que es el de 8 cm de altura que es el que se mantiene hasta hoy”. Actualmente, los recordatorios también se presentan en formato digital. En agosto de 2018, con motivo de cumplirse treinta años del primer recordatorio, Página/12 incorporó la sección a su sitio web en la que se replican los publicados en el diario.

A su vez, se estableció un procedimiento que debía seguirse para solicitar la publicación y se designó la tarea de recibir y diagramar los recordatorios a un grupo de trabajadores del área de publicidad. Página/12 proporciona una ficha que debe completarse con datos de las personas a las que se dedica el recordatorio, datos de quien envía la publicación (nombre, firma, DNI, relación con el desaparecido) y el texto que se desea publicar. La ficha, a la que se debe adjuntar fotocopia del DNI, contiene un texto a través del cual se autoriza al diario a publicar. Hoy en día, la mayoría de los envíos se hacen directamente por email, pero en los primeros años generalmente se acercaban a las oficinas del diario y en algunos casos, principalmente de otras ciudades del interior, enviaban los papeles por correo. El diario no interviene en el contenido de los textos, más que para corregir errores ortográficos o para acortar el texto en caso de que sean demasiado largos.

Durante muchos años quien se ocupó de las publicaciones fue María Eva Fuentes Walsh, que realizó un enorme trabajo de sistematización en base a los recordatorios. Paoletti afirma que “ella fue la primera que tuvo la idea de que la información que arrojaban los recordatorios era información para ser procesada”. Convencida del valor que el análisis de esa información podía tener, confeccionó una base de datos con estadísticas de las publicaciones que, lamentablemente, se perdió y no pudo ser recuperada. María Eva, fallecida en 2008, es recordada con mucho cariño por sus compañeros del diario, pero también por los familiares a quienes ella atendía y asistía con la publicación. Alberto Santillán, que a partir del asesinato de su hijo Darío en la Masacre de Avellaneda en junio de 2002 publicó mensualmente durante casi un año, destaca la importancia de encontrar “una compañera” en la persona que lo recibía en el diario, “una persona con un corazón enorme”, y sentir que “ella me acompañaba en mi lucha”.



En una entrevista a María Eva realizada por Van Dembroucke, la nieta del escritor refiere al trabajo de acompañamiento que muchas veces tenían que hacer ya que podía ser un momento delicado para los familiares  conmemorar a su ser querido en los días próximos a cumplirse un nuevo aniversario de su muerte o su desaparición. Allí sostiene que “es un vínculo muy especial el que tienen los familiares desaparecidos con el diario”. Jorge Gurbanov, quien publica todos los años un anuncio por su primo Oscar Segal, destaca y agradece ese trabajo de “contención humana”, recordando la manera en la que María Eva recibía en el diario a “los familiares que acudíamos y que casi siempre además de llevar el anuncio íbamos a hacer la catarsis porque emocionalmente era un momento muy, muy fuerte”.


El valor de ese vínculo se ve en las líneas que muchas veces acompañan las solicitudes de publicación, así como en los testimonios de algunos de los que publican con más frecuencia que expresan una inmensa gratitud por el espacio concedido por el diario y resaltan la importancia de mantener dicho espacio. Muchos de ellos refieren a lo que significa en el plano individual encontrar la publicación en las páginas del diario. Syra Franconetti, que publica recordatorios por sus hijos Adriana, Ana María y Eduardo y por su yerno Jorge Donato Calvo, lo compara con el acto, vedado para los familiares de los desaparecidos, de ir a visitar los restos al cementerio: “es un momento, que llega el día del aniversario y sale el domingo y uno ve la foto ahí es como haber ido a un cementerio y decir bueno aquí está enterrado y tener un momento de acercamiento especial”. La importancia de la presencia de los recordatorios en el diario para los familiares se ve también en aquellos casos en los que por alguna razón su publicación se ve impedida. Entre las solicitudes encontramos la carta de Paz Hallgarten en la que explica que la carta que envió por certificado para el recordatorio de su hijo Fernando se extravió causándole “la angustia de que su publicación no fue posible”.


Por otro lado, muchos insisten en el valor del espacio de los recordatorios en un plano colectivo, el rol que cumplen a nivel social. Cintia Ini, amiga de los hermanos Claudia y Lila Epelbaum, resalta su importancia en este sentido, principalmente en los primeros años que coinciden con el período de impunidad. Los describe como “el pequeño reducto donde eso se reconocía, porque socialmente costaba mucho reconocer lo que pasó, y esos avisos era constatar año a año que eso había existido, que eso era reconocido”. En esos años, Cintia escribió un texto, titulado “Decir la muerte”, en el que expresa su agradecimiento hacia el diario y destaca ese rol: “estos recuadros eran por momentos de los pocos anclajes concretos, estaba cada vez escrito ahí lo que en el consenso social quedaba mudo y doblemente desaparecido, estos recuadros acompañaron a muchos quizás frente a tanta orfandad de palabras o actos”.

El testimonio de Raquel Witis, miembro de la Comisión por la Memoria, Verdad y Justicia de Zona Norte y madre de Mariano Witis asesinado por la policía bonaerense en el 2000, resume en alguna medida la significación de los recordatorios en ese doble plano: “uno lo siente presente cuando lo ve con su carita en Página/12, abrir el diario y ver el recordatorio nos lo trae y si bien es un sabor agridulce es bueno sentirlo porque sabemos que eso es un mensaje y es un mensaje para toda la sociedad y para aquel que esté dispuesto a escucharlo”.

Ese juego entre lo individual y lo colectivo, tan propio de la lucha de los familiares de las víctimas del terrorismo de Estado y la violencia institucional, se refleja en el espacio de los recordatorios, este espacio inaugurado por la publicación de Estela y sostenido por el periódico Página/12 durante estos treinta años que se ha transformado en un emblema, en una instancia más de la lucha por los Derechos Humanos; un espacio que ha permitido mantener viva la memoria, acompañada por el reclamo de verdad y justicia.